jueves, 25 de septiembre de 2014

Mentiras piadosas.

¿Qué es mentir? Es algo que todos sabemos, es decir algo a sabiendas de que es falso. Es comportarnos de una manera que no concuerda con lo que pensamos (como fingir que nos interesa un libro por ejemplo).  Algunos actos están en límites confusos, ocultar información por ejemplo es considerado como mentir por algunos y como algo diferente a mentir por otros. No importa, lo esencial es que la mentira es algo sancionado socialmente y puede llevar a personas a tener problemas de adaptación a su entorno, de ahí nuestro interés como psicólogos por la mentira.



Todos hemos mentido alguna vez. Podemos mentir por multitud de motivos, para evitar un conflicto, para fastidiar a alguien, para sacar ventaja a otras personas que compiten con nosotros en algún sentido o para evitar que un ser querido sufra y en último término evitar sufrir nosotros al verlo. Existen muchos motivos pero todos se pueden reducir a dos:

- Mentimos para evitar algo que nos hace sentir mal.
- Mentimos para obtener algo que que nos hace sentir bien.
(O ambas cosas al mismo tiempo).
¿Qué ocurriría si no mintiéramos jamás? Probablemente fracasaríamos en la vida ya que diríamos cosas molestas a los demás, revelaríamos secretos ajenos, tendríamos problemas en todos los ámbitos de nuestra vida. Con amigos, pareja, familia, compañeros de trabajo..., problemas everywhere. Lo pasaríamos francamente mal siendo los sinceros en un mundo de mentirosos que nos harían a su vez jugarretas de todo tipo (nos mentirían).
Mentir es un comportamiento que se da en otras especies. Algunas aves fingen estar heridas  para atraer predadores lejos de sus nidos. Con esto quiero decir que la mentira es algo que se da de forma habitual en algunas especies y la nuestra es una. Por otra parte mentir siempre también nos metería en multitud de problemas. ¿Dónde está el punto medio? No es fácil decirlo, es algo que a la mayoría de la gente le sale solo, en ciertas situaciones se puede mentir y en otras no. No podemos explicar como andamos a otras personas y tampoco cómo mentimos, el caso es que nos sale solo.

Lo importante, la conclusión es que mentir no es algo malo ni bueno. Es una conducta más y como toda nuestra conducta debe ser adaptativa y ajustarse a nuestro entorno. Mentir a lo grande, mentir siempre, no mentir jamás..., los extremos suelen ser problemáticos. Como científicos nos preguntamos ¿cuáles son las reglas del juego de la mentira en la especie humana? Quién sabe tal vez un día alguien lo investigue, hasta entonces quedaos con esta breve reflexión... (si queréis).



miércoles, 3 de septiembre de 2014

Disculpe ¿soy normal?

Los psicólogos a menudo en nuestra vida diaria nos encontramos situaciones curiosas. En general las personas que nos rodean, amigos, familia, conocidos, etc nos hacen preguntas respecto a temas relacionados con etiquetas diagnósticas o con enfermedades mentales. Nos preguntan cosas tales como "pero los hiperactivos qué son, ¿gente que no se puede estar quieta?", nos hablan de algún familiar que tiene una enfermedad desde hace años y no puede salir porque "tiene depresión" o incluso los hay quienes sospechan de algún trastorno o les da miedo tener alguno y no haberse dado cuenta.



Muchos psicólogos clínicos tomamos como premisa que la gran mayoría de nuestro comportamiento es aprendido. En nuestras primeras etapas y con un repertorio muy básico puede estar más determinado por cuestiones filogenéticas (nuestra especie y su entorno de adaptación evolutiva...) mientras que una vez comenzamos nuestra andadura por el mundo es el entorno el que tiene un papel más influyente en nuestro comportamiento (siempre en interacción con variables personales y del organismo). 


Si nuestro comportamiento es aprendido, por ejemplo no poder estarnos quietos más de 10 segundos o pasarnos el día llorando será algo que también hemos aprendido aunque no sea adecuado, esto quiere decir que si nos comportamos de esta manera es que hay algo que lo mantiene, probablemente nos está reportando algún beneficio a corto plazo.


A menudo ponemos etiquetas ya sean referentes a trastornos mentales o a comportamientos extraños en personas  que etiquetaríamos como "raros", "locos" o incluso alguna vez "normales". Todas ellas hacen referencia a cuestiones que tienen que ver con realizar una conducta que la mayoría no hace y que es infrecuente por alguna de sus dimensiones (frecuencia, duración, intensidad, topografía, latencia) muchas veces esto significa que simplemente no se realiza en el contexto adecuado.


Dado que no todos somos iguales la normalidad total no existe, todos hacemos algo de forma peculiar, sin embargo compartimos patrones muy similares en muchas ocasiones. Por ejemplo, la gran mayoría de nosotros seríamos muy similares en una biblioteca.


Llamamos popularmente "rarito" a aquel que se comporta de forma un poco desajustada y "loco" a aquel que lo hace de forma muy distinta al resto de forma generalizada pero éstos no son términos técnicos ni tampoco describen formas irreversibles de ser o comportarnos. También es importante saber que el criterio suele ser un tanto arbitrario y que lo más importante normalmente es en qué medida cada uno vivimos nuestras peculiaridades como problemáticas.


Pero esa etiqueta, al igual que otras miles no explican sino que describen nuestro comportamiento ya que las asignamos tras observar el mismo. 

Imaginemos una persona que cuando le dices "¿Hola cómo te va?" te responde "Muy bien, me va muy bien, me va muy muy bien, me va bien, bien pero que muy muy bien, pues eso, muy bien", quizás diríamos que es un rarito.  Imaginemos esta vez que la otra persona responde echándose en el suelo y simulando hacer angelitos de nieve dentro del bar. Probablemente lo primero que pensaríamos es que está loco.

Pues bien, decir "es un loco", "es un raro" o "es normal" es una etiqueta que colocamos para referirnos al comportamiento de alguien y esa misma etiqueta no es explicativa. Este mismo razonamiento nos sirve para otro tipo de etiquetas más técnicas como las que utiliza el DSM-IV, el manual de diagnóstico de enfermedades mentales por excelencia.

Las personas no hacen lo que hacen porque sean raros, normales o locos, sino que decimos que son así para describir lo que hacen. Lo contrario sería cometer el error de decir  por ejemplo que una persona hace lo que hace porque está loca, y está loca porque hace lo hace o describir a una persona que no estudia como vaga pero también explicar que no estudia porque es vaga. Es decir, el depresivo no llora porque es depresivo, al contrario, es depresivo porque llora y llora porque ha aprendido a llorar.


Las causas de que se den ciertos comportamientos las debemos buscar en el entorno, el organismo y su interacción, nunca en una etiqueta diagnóstica o popular.