domingo, 6 de julio de 2014

Cortesía y conducta verbal.

Hace tiempo leímos una noticia sobre no enseñar a tus hijos a decir "lo siento". Esta noticia nos hizo reflexionar acerca de cómo mediante la conducta verbal -en concreto mediante las respuestas digamos de "cortesía"- estamos proyectando una imagen de respeto y educación que a nivel no verbal no se corresponde. Ya se sabe... "del dicho al hecho hay un trecho".  Al hilo de esto nos preguntamos si no solo hay que aprender a sentirlo antes de decir lo siento, sino que también hay que aprender a agradecer un gesto antes de decir gracias, o a respetar a una persona antes de pedir respeto a otras personas.


Imaginad que en lugar de obligar a las personas a decir "lo siento" cuando tienen apenas 3 o 4 años, les obligan a preguntar qué deben hacer para que la persona a la que han lastimado u ofendido se sienta mejor. ¿Sabéis lo que ocurriría? Que las respuestas ofensivas, las respuestas que dañan a otros, tendrían un costo muy alto desde nuestra niñez y al final no sería necesario decir "lo siento". Al final sería muy raro ofender a alguien o dañarlo de forma premeditada ya que eso conllevaría reparar el daño de cierta forma. Obviamente estoy simplificando el asunto de la interacción humana mucho, pero dentro de un contexto en el que todos somos niños sería posible que esto ocurriera y ya se sabe "lo que aprendes de niño ya no se te olvida" ;). En el fondo lo que estamos haciendo es asociar algo muy costoso a una respuesta ofensiva y dañina para otros, para que estas respuestas dejen de ser reforzantes. A su vez estamos reforzando la emisión de estas respuestas más costosas de "compensación" -por decirlo de algún modo.

Esto pone sobre la mesa el hecho de la conducta verbal y la conducta no verbal. Las palabras adquieren su significado mediante asociación con otros estímulos -grosso modo-. Por ejemplo la palabra "cuidado" con cierta entonación, a cierto volumen, no sólo provoca -como todos los estímulos bruscos e intensos- una respuesta de orientación en las personas (de orientación es que de repente te giras, te orientas hacia el punto donde se da el estímulo), sino que también nos provoca una respuesta de ansiedad, porque hemos asociado esa palabra con un peligro para nuestra seguridad. El problema es que la correspondencia entre lo que una palabra significa en el diccionario y lo que significa en nuestra historia de aprendizaje no se da. No hay una correspondencia más o menos aceptable entre ambas cosas. La palabra respeto y la forma en que usamos esta palabra, lo que nos hace sentir, son cosas muy diferentes las unas de las otras.

Como personas nos gustaría "respetar", "sentir algo", "pedir perdón" tanto con la palabra como con los hechos, como psicólogos clínicos nos gustaría ayudar a las personas a que lo hagan y como investigadores nos gustaría saber qué ocurriría si una sociedad aprendiera esto de forma global. Con este post no pretendemos explicar algo concreto, simplemente pretendemos hacer reflexionar tanto a personas legas en psicología como a psicólogos respecto a esta posible forma de aprender a comportarse.