martes, 20 de mayo de 2014

Drogas, dependencia y entorno.

Esta entrada va dirigida a clarificar por un lado la distinción entre dependencia física y dependencia psicológica y explicar qué variables intervienen en la aparición de un efecto concreto tras el consumo de una sustancia determinada.

En multitud de artículos sobre drogas, dependencia, abuso, adicción etc., se utiliza la distinción entre dependencia física y dependencia psicológica. Antes de aclarar a qué se refieren los profesionales con esta distinción aclararé qué es la dependencia a una sustancia psicoactiva. La dependencia el estado fisiológico de neuroadaptación producido por la administración repetida de una sustancia, necesitando de una administración continuada para evitar la aparición de un síndrome de abstinencia. 

Dicho esto he de decir que la distinción entre dependencia física y psicológica a priori me resultaba un subproducto del dualismo que la psicología acusa debido a nuestra cultura occidental. Sin embargo esta presuposición ha resultado no ser acertada, al menos no del todo. Al parecer por lo que he podido averiguar la dependencia física consiste en un proceso de reforzamiento negativo de la respuesta de consumo. Por otro lado la dependencia psicológica se caracteriza por ser un fenómeno cuyo proceso básico es de reforzamiento positivo. 
Me explico, la respuesta de consumo está reforzada positiva y negativamente. En un principio sólo es reforzada positivamente ya que los efectos de las drogas son respuestas incondicionadas apetitivas. Pero cuando una persona consume de forma frecuente y continuada en el tiempo una sustancia, cuando lleva cierto tiempo sin consumir sufre un síndrome de abstinencia caracterizado por ser una respuesta incondicionada aversiva. Esta distinción nos facilita entender por qué personas que llevan mucho tiempo sin consumir recaen a pesar de que no sufren dependencia física.

Ahora bien, aunque esta distinción puede ser útil y ha sido muy utilizada -en la actualidad parece que se está quedando anticuada- puede dar la impresión de que hay algo cualitativamente diferente entre un proceso y otro. No, nada más lejos de la realidad, un proceso de reforzamiento, sea negativo o positivo, es un proceso psicológico que involucra -claro está- a los sistemas biológicos, debemos entender al ser humano como un todo y distinguir diferentes niveles de análisis sólo es útil en algunos casos, y este no es uno de ellos porque se está clasificando dos procesos pertenecientes a un mismo nivel de análisis (la conducta) a dos niveles diferentes (el psicológico referido a la conducta y el físico referido al funcionamiento orgánico de las personas).

El hecho de entender al ser humano como un todo nos lleva al siguiente punto de esta entrada, qué variables intervienen en que se dé un efecto concreto tras la respuesta de consumo. Cuando una persona consume una sustancia psicoactiva entran en juego tres variables básicas: la sustancia, la persona y el entorno. Es importante tener en cuenta todas estas variables ya que se ha investigado al respecto y se han encontrado resultados que apuntan a que dichos factores influyen claramente en los efectos de las sustancias. 

En primer lugar hablaremos de la sustancia. Existen tres grandes grupos -según los efectos que causan- de sustancias psicoactivas, los depresores del sistema nervioso central, los estimulantes y las sustancias alucinógenas. Los depresores suelen producir efectos de relajación, los estimulantes efectos de alerta o ausencia de cansancio..., los alucinógenos estados alterados de conciencia. De estos tres grupos los que tienen efectos más específicos son los estimulantes y los depresores, mientras que los alucinógenos tienen efectos menos específicos. Por tanto encontraremos más variabilidad en los efectos que causan los alucinógenos que en el caso de los depresores y los estimulantes. A su vez debemos tener en cuenta la pureza de la sustancia, la dosis, la vía de administración. Todas estas variables hacen que los efectos sean más o menos intensos, más o menos duraderos  etc. El hecho de que se mezclen sustancias o no también influye.

En segundo lugar encontramos a la persona. Se han hecho estudios respecto a las expectativas de las personas a la hora de consumir. Lo que las personas esperan del consumo influye en parámetros como la concentración plasmática del principio activo de la sustancia. Estos efectos son muy similares al efecto placebo que existe y tiene un impacto directo en algunas personas. A su vez el momento vital de una persona es importante, digamos que un proceso de duelo no estamos en el mejor momento para decidir consumir una sustancia. Por otra parte ciertas personas ante sustancias depresoras experimentan efectos más típicos de los estimulantes, hasta ahora se ha achacado este tipo de efectos a características orgánicas de la propia persona -es la hipótesis más plausible, aunque es sólo una hipótesis-.

En tercer lugar tenemos el entorno. Se ha demostrado que cuando las personas consumen en un entorno agradable, que conocen y controlan, los efectos varían a cuando se consume en un entorno desconocido o desagradable. Estar acompañados o no, que los que nos acompañan consuman o no, ese tipo de factores influyen en qué efectos va a causar en nosotros la sustancia que consumamos.

Por tanto de cara reducir los riesgos del consumo de sustancias psicoactivas es algo vital tener en cuenta que al final el resultado de "un mal viaje" o "un buen viaje" depende de múltiples factores que involucran tanto al organismo como al entorno y la sustancia. Esto deja una puerta a una pregunta ¿podemos generalizar los efectos de una sustancia a todas las personas? No, sin tener en cuenta las condiciones exactas en las que se dio el consumo, que en la práctica es sumamente difícil.