domingo, 30 de marzo de 2014

Personalidad sí, pero ¿me pones un ejemplo?

Tomando como punto de partida la anterior entrada voy a tratar de poner uno de los muchos ejemplos de pruebas objetivas que han sido desarrolladas durante los últimos años. La "minuciosidad" es un factor primario del modelo "big five" de personalidad.  Esto significa que hay multitud de subescalas en diferentes baterías de test que están dedicadas a medir este rasgo de personalidad. El problema es que el proceso por el cual se seleccionan los ítems en la teoría clásica de test suele hacer trampas. Me explico, los investigadores se plantean crear una prueba que mida la "minuciosidad" y la definen como "persistencia, órden, motivación y rigurosidad en la forma de llevar a cabo una tarea concreta". Esta definición simplemente no es operativa y no está integrada con una teoría de la conducta humana. Se plantean unos ítems que se siguen de la definición simplemente por "sentido común" -uno de los enemigos de la ciencia-. No hay un motivo claro, operativo para predecir que esos ítems serán buenos midiendo la minuciosidad a priori, aunque a posteriori hay un montó de justificaciones. La cosa es que al final sobreviven una serie de ítems simplemente porque tienen un índice de homogeneidad corregido aceptable, porque el test en su conjunto tiene consistencia interna y correlaciona con un criterio de validez externa etc. Pero todo esto no nos dice qué es lo que todos esos ítems miden exactamente, sabemos que miden algo similar, o al menos algo que estadísticamente guarda una alta correlación, pero nada más. A partir de ahí hay multitud de definiciones sobre qué es la "esencia" de la minuciosidad. Ahora veamos la alternativa a este panorama citando una parte del artículo que al final de la entrada se cita.

Instrumento.

La prueba objetiva diseñada a fin de evaluar el estilo interactivo “ejecución de una tarea de manera ordenada, organizada y siguiendo un patrón sistemático”, pone en juego una tarea consistente en encontrar y marcar con el ratón todas las imágenes iguales a una que sirve como modelo (en concreto un tipo de árbol) en una pantalla donde esa imagen está entremezclada con otras diferentes (otros tipos de árboles).

Aquí os ponto una matriz para que os hagáis a una idea de cómo era lo que el sujeto veía. Había un modelo y la tarea era marcar las imágenes similares al modelo.


Se planteaba la prueba de tal forma que la mayoría de la muestra pudiera resolver cada ítem en el tiempo de ejecución. Además el sujeto no sabía nada sobre qué se medía y tampoco sabía cómo de bien lo estaba haciendo, no tenía feedback. Estas medidas iban encaminadas a que el sujeto mostrara su comportamiento natural, el que emitiría en un contexto donde no hay unas contingencias claras.

La cosa es que en este estudio hay una matriz con muchos árboles ordenados en filas, ellos establecieron que el patrón ordenado, organizado y sistemático de una persona es lo que nos permite medir su minuciosidad. Las puntuaciones se daban de la siguiente forma, siguiendo filas. Había dos árboles correctos por fila o por columna, si el sujeto seguía las filas o las columnas e iba pulsando los dos árboles de la fila o la columna recibía un punto por fila o columna, por tanto recibía como máximo 7 puntos por ensayo. Para mí el enfoque es muy válido, pero la ejecución tiene una pega, ¿qué ocurre si alguien sigue un patrón ordenado, organizado y sistemático pero que no sigue filas? Ahí me da la impresión de que tuvieron un fallo metodológico grave en este estudio, pero como aproximación para mí es algo genial.

Por tanto imaginad, una persona que puntúe alto en esta prueba tenderá a repetir una y otra vez la misma estrategia que sabe que le funciona, en lugar de hacerla cada vez de una forma. Esto en según que puestos de trabajo puede ser una ventaja o una gran desventaja. Lo mejor de todo es que los ítems están planteados a priori siguiendo un modelo, sabemos por qué miden lo que miden y está muy claro -operativamente- cuál es la "esencia" de la minuciosidad en este estudio, la "esencia" no existe, la propia conducta que se mide es lo que se pretende medir y no hay una "esencia" tras la etiqueta "minuciosidad" que simplemente utilizamos para entendernos.

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Referencias:

Hernádez, J.M., Sánchez-Balmisa, C., Madrid, B., Santacreu, J.   La evaluación objetiva de la minuciosidad. Diseño de una prueba conductual. Análisis y modificación de conducta Vol 29, 455-477.

Hernádez, J.M., Lozano, J.H., Pei-Chun Shih, Santacreu, J., (2009). Validez convergente de dos pruebas de evlauación de la minuciosidad. Psicothema 2009. Vol. 21, no 1, pp. 133-140.








miércoles, 19 de marzo de 2014

La personalidad en perspectiva.

En esta entrada trataremos el tema de la personalidad. La personalidad es un término que -como muchos otros en psicología- proviene del lenguaje natural, no del lenguaje técnico. En un momento dado cosificamos dicho término asumiendo que había procesos, conductas u otras cosas tras él. Una vez ocurre esto la psicología comienza a hacer aproximaciones hacia la personalidad desde diferentes posturas teóricas, el problema es que tras la etiqueta "personalidad" hay demasiadas cosas, por lo que el estudio de la personalidad no ha encontrado un dominio de estudio claro.

Tradicionalmente la personalidad se ha estudiado tomando como objeto de estudio una muestra y situando a los individuos en una posición de la distribución en relación a su muestra. Para ello se han utilizado sobre todo tests de autoinforme que medían la conducta verbal, con varias respuestas cerradas que se caracterizaban por tomar datos -siguiendo las teorías de Cattell- tipo Q, es decir, datos que no enmascaran lo que pretenden medir (las pruebas objetivas toma datos tipo T). Esta forma de enfocar el estudio del concepto de personalidad es difícil de integrar con el modelo conductual y deja fuera a la persona -no tiene en cuenta su comportamiento en la vida real, no se entiende al organismo como un todo que interactúa con su entorno-. La personalidad -sea lo que sea- es algo que te distingue del resto, pero estas diferencias individuales se deben a invarianzas en el comportamiento de las personas. En este punto me parece interesante resaltar que los rasgos son meras etiquetas que describen y cuyo destilado estadístico solamente sirve para predecir la conducta -y esto ha sido muy útil en el ámbito de los recursos humanos, vamos a decirlo todo-. 

Ante este planteamiento viene surgiendo desde hace años otro enfoque ligado al modelo conductual. Ribes acuñó el concepto de "estilo interactivo". El "estilo interactivo" es la forma personal, idiosincrásica, consistente y estable que un individuo tiene de interaccionar con las situaciones. Y diréis "pero esa definición no es demasiado operativa", lo sé, pero cuando explique cómo las pruebas objetivas miden los "estilos interactivos" tendréis una idea muy operativa de qué es exactamente un "estilo interactivo". Además, la biología lleva siglos de avances sin tener una definición de vida, ¿acaso nosotros no vamos a poder avanzar tan bien como ellos? 

Para medir mediante una prueba objetiva la forma personal de cada uno a la hora de interaccionar con una situación, debemos plantear una situación de "contingencias abiertas", es decir, en la que no haya una respuesta más reforzante que las demás. Hay un viejo ejemplo que dice "si un burro tiene dos montones de comida a la misma distancia, ¿qué hará?". El burro irá hacia uno u otro montón en función de su historial de aprendizaje, de variables disposicionales etc., el caso es que el costo de respuesta es el mismo, pero hay variables que influyen, este ejemplo es una situación de "contingencias abiertas". En clase todos nos comportamos igual porque las contingencias son muy "cerradas", está muy claro qué respuestas son reforzadas y cuáles son castigadas o extinguidas. Necesitamos definir situaciones funcionalmente, de contingencias abiertas, sin contenidos que puedan sesgar -contenidos que hagan referencias a temas como religiones, ideologías... cosas así-. Si tomamos el supuesto de equivalencia funcional, encontramos que aunque variemos la morfología de una situación, si sus contingencias y los criterios a la hora de medir sus parámetros permanecen estables la interacción del organismo será similar.

¿Y cómo cuadra esto con un análisis funcional? Bien, si medimos en diferentes ensayos cómo el sujeto interactúa con una situación experimental variando su morfología pero manteniendo sus contingencias, podremos obtener un "perfil" de cuál es la conducta que el sujeto desplegará en el futuro ante situaciones funcionalmente similares. La conducta pasada es el mejor predictor de la conducta futura. Este "perfil" no sería ni más ni menos que una variable disposicional fruto del historial de aprendizaje de cada persona.

Ribes propuso una taxonomía de "estilos interactivos", desde mi punto de vista se equivocó. Mis argumentos son que los "estilos interactivos" no pueden pecar de lo mismo que los rasgos, si establecemos una taxonomía con el tiempo y el vicio la gente acabará atribuyendo causalidad a dichos estilos, además, puesto que el historial de aprendizaje de cada persona es único, cada persona tendrá un estilo único por lo que las taxonomías no sirven. Lo interesante de este planteamiento -a mi juicio- es que con una batería de pruebas objetivas informatizadas fiable y un manual de competencias que especifique qué tipo de situaciones tendrá que afrontar una persona en cada puesto, podríamos seleccionar personas con las habilidades adecuadas para cada puesto midiendo su conducta -y no solo su conducta verbal-. He dicho una batería de pruebas fiable, pero no he dicho "válida". ¿Por qué? La validez es un constructo necesario para los tests tradicionales porque predicen la conducta "y" en función de la conducta "x", sin embargo al predecir la conducta "y" en función de una respuesta que se da en una situación cuyas contingencias son similares, la validez no es necesaria ya que la conducta que medimos es una muestra de la que debemos predecir, y no una respuesta completamente diferente.

Como veis es un mundillo complicado este de las pruebas objetivas de personalidad, si necesitáis papers con pruebas concretas para haceros a una idea más clara mediante ejemplos podéis pedirlos comentando o en el mail jalarcon.guerrero@gmail.com , un saludo y espero no haberme puesto especialmente denso. 

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Referencias:

Hernández, J.M., Santacreu, J., Rubio, V., (1999). Evaluación de la personalidad: Una alternativa teórico-metodológica. Escritos de Psicología 3 20-28.

Ribes-Iñesta, E., (2009). La personalidad como organización de los estilos interactivos. Revista Mexicana de Psicología vol.26, 2, 145-161.