viernes, 30 de agosto de 2013

Leyendo el gen egoísta, parte 6.

"Genes y parentesco"

Somos más altruistas con nuestros parientes que con cualquier otra persona. Veamos por qué.

Existen multitud de copias de un mismo gen en diferentes organismos al mismo tiempo. La esperanza de sobrevivir generación tras generación de los genes depende de su cantidad en el acervo génico de una población -entre otras cosas-, podríamos plantearnos ¿y si existen genes que programan a sus máquinas de supervivencia para ayudar a otras máquinas de supervivencia que probablemente comparten parte de sus genes con ellos? Al hablar de un gen más bien pensamos en un grupo de genes que colaboran entre sí para programar a las máquinas de supervivencia para esta suerte de "altruismo egoísta".

La mejor estrategia para que un organismo ayude a otro que posee todos o parte de sus genes es que ayude a sus parientes más cercanos. Los familiares cercanos se muestran altruistas, los padres ayudan y protegen a sus hijos, invierten recursos en ellos y esto es porque comparten el 50% de la dotación genética, igual que un individuo con su hermano. Esto es así porque los poseedores de genes “altruistas” con los familiares cercanos tienen más probabilidades de sobrevivir y esparcirse por una población que los individuos que no poseen genes “altruistas” con los familiares cercanos. W.D. Hamilton desarrollo un sistema para calcular matemáticamente el parentesco entre individuos y la proporción de genes que comparten. Por ejemplo, dos primos hermanos comparten 1/8 de sus genes, como el bisabuelo con el biznieto.

En la naturaleza los “suicidios altruistas” no se dan con demasiada frecuencia, pero se corren riesgos. Un macho corre riesgo de morir de caer ante otro macho en una pelea, o ante un depredador, este riesgo aumenta si tiene una cría que consume su energía y sus recursos y que atrae a depredadores. Ese es el tipo de altruismo que se da con más frecuencia en la naturaleza entre parientes. Además en la naturaleza intervienen otros factores, como las expectativas de vida de un organismo, los hijos tienen mayor tiempo de vida por delante que los padres, por lo que para los genes es más rentable que los padres sean altruistas con sus hijos pero no tanto que los hijos lo sean con los padres.

Hemos dado por sentado que los animales saben qué organismos son sus parientes, pero ¿cómo podrían hacer esto? Más que saberlo, los genes "estiman" -no de forma intencional claro- con qué probabilidad un organismo comparte genes con su máquina de supervivencia. Bastan reglas sencillas que sirvan para según que especies, por ejemplo, los delfines que observan a miembros de su grupo cerca de ellos que no pueden salir a respirar -porque están heridos, enfermos o son crías- ayudan a estos organismos a salir a la superficie a respirar. Esta regla en general es buena, pero existe un hecho documentado de que un delfín salvaje salvó de ahogarse a un nadador humano que estaba ahogándose, la regla falló y el delfín salvó a un organismo que no es que no fuera pariente suyo, es que ni siquiera era de su especie. Para los humanos una buena regla es “si lleva contigo desde que eres pequeño ayúdale” o “si lo has parido tú ayúdale" , con reglas simples se puede garantizar que un organismo ayuda a sus parientes y no a otros.

Por tanto desde el punto de vista del gen egoísta, el altruismo obedece al egoísmo de uno o varios genes que conviven en un organismo. Algunos fallos y errores pueden dar la impresión de que los organismos de una u otra especie son altruistas al ayudar a individuos ajenos a sus parientes, sin embargo son eso, fallos, errores de programación de las máquinas de supervivencia.

Como siempre nos dejamos multitud de ideas, ejemplos e hipótesis muy interesantes en el tintero, pero a diferencia del señor R. Dawkins no disponemos de un libro para desarrollar todo el capítulo, os recomendamos que si tenéis tiempo le echéis un vistazo a su libro.