sábado, 18 de octubre de 2014

Si le castigo ¿le creo un trauma?

Desde muchos ámbitos sociales viene hablándose sobre los castigos y sus posibles efectos en los niños a largo plazo. Existen multitud de opiniones respecto a si es pertinente o no el uso de los castigos y mucho más de los castigos físicos con niños y adolescentes. Nos gustaría arrojar algo de luz sobre este controvertido tema a la luz de lo que sabemos.




En primer lugar sería interesante plantearnos cuándo aplicamos un castigo a una persona, da igual si es un niño o un adulto. Se aplica cuando ha hecho algo que resulta desagradable, poco educado o peligroso para él mismo o para otros etc. Por tanto con un castigo lo que pretendemos es que alguien deje de hacer algo o lo haga con menor frecuencia. Es decir, no enseñamos a la persona a actuar de forma adecuada, no le enseñamos la alternativa que será adaptativa en esa situación, sólo le mostramos lo que no debe hacer.

En segundo lugar es importante plantearnos que toda la inmensa cantidad de castigos imaginables para una persona o un niño puede clasificarse en dos tipos de castigo:

- Los que añaden algo desagradable a la experiencia de la persona o "castigos positivos".
- Los que quitan algo agradable a la experiencia de la persona o "castigos negativos".

Pongamos un ejemplo de castigo positivo. Juan está insultando a su hermano y le pega un puñetazo, su madre le da un bofetón. La madre de Juan ha añadido algo desagradable a la situación.
Ahora pongamos un ejemplo de castigo negativo. Juan está insultando a su hermano y le pega porque no quiere dejarle el mando de la videoconsola, así que su madre le quita la videoconsola. La madre de Juan ha quitado algo agradable de la situación.

Dicho esto vamos a explicar qué factores son los que hacen que un castigo funcione y disminuya la posibilidad de que una conducta se reduzca o desaparezca:

1º Un castigo debe aparecer inmediatamente después de la conducta indeseada. Si a Juan le castigamos sin videoconsola cuando está en el coche de vuelta del colegio porque ha pegado a su hermano, esto no surtirá efecto porque pasará mucho tiempo desde que Juan le ha pegado a su hermano hasta que ha percibido el castigo (no poder jugar a la videoconsola). Deben pasar segundos, más allá el castigo pierde su eficacia.

2º Debemos aplicar el castigo a la máxima intensidad que estemos dispuestos a utilizar. Es decir si lo máximo que estamos dispuestos a hacer pasar mal a un niño es quitarle la videoconsola, debemos hacerlo de entrada. Empezar castigando suave e ir subiendo es un error gravísimo porque los niños o adolescentes se acostumbran paulatinamente y debemos llegar a niveles muy desagradables para castigar.

3º Siempre que castiguemos debemos dar una alternativa que será recompensada, por ejemplo "si pides perdón a tu hermano y haces los deberes te devuelvo la videoconsola". Eso sería marcar claramente cuál es la conducta adecuada.

Como reflexión final, los castigos no son malos ni crean traumas si se aplican de forma adecuada. Por sí solos no enseñan cosas nuevas, sólo eliminan cosas que ya hemos aprendido. Por tanto no hay que abominar de los castigos, son solo un procedimiento más a nuestra disposición, aunque hay otros procedimientos mejores para educar, próximamente los veremos. Sobre los castigos físicos, aplicarlos o no es algo que depende de cada cultura, actualmente en nuestra sociedad no es algo aceptado en la mayoría de los ámbitos. Sin embargo hace 40 años sí que era algo que estaba bastante aceptado, cuestión cultural aunque se puede educar a un niño sin pegarle, así que ¿para qué pegarle?


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