miércoles, 3 de septiembre de 2014

Disculpe ¿soy normal?

Los psicólogos a menudo en nuestra vida diaria nos encontramos situaciones curiosas. En general las personas que nos rodean, amigos, familia, conocidos, etc nos hacen preguntas respecto a temas relacionados con etiquetas diagnósticas o con enfermedades mentales. Nos preguntan cosas tales como "pero los hiperactivos qué son, ¿gente que no se puede estar quieta?", nos hablan de algún familiar que tiene una enfermedad desde hace años y no puede salir porque "tiene depresión" o incluso los hay quienes sospechan de algún trastorno o les da miedo tener alguno y no haberse dado cuenta.



Muchos psicólogos clínicos tomamos como premisa que la gran mayoría de nuestro comportamiento es aprendido. En nuestras primeras etapas y con un repertorio muy básico puede estar más determinado por cuestiones filogenéticas (nuestra especie y su entorno de adaptación evolutiva...) mientras que una vez comenzamos nuestra andadura por el mundo es el entorno el que tiene un papel más influyente en nuestro comportamiento (siempre en interacción con variables personales y del organismo). 


Si nuestro comportamiento es aprendido, por ejemplo no poder estarnos quietos más de 10 segundos o pasarnos el día llorando será algo que también hemos aprendido aunque no sea adecuado, esto quiere decir que si nos comportamos de esta manera es que hay algo que lo mantiene, probablemente nos está reportando algún beneficio a corto plazo.


A menudo ponemos etiquetas ya sean referentes a trastornos mentales o a comportamientos extraños en personas  que etiquetaríamos como "raros", "locos" o incluso alguna vez "normales". Todas ellas hacen referencia a cuestiones que tienen que ver con realizar una conducta que la mayoría no hace y que es infrecuente por alguna de sus dimensiones (frecuencia, duración, intensidad, topografía, latencia) muchas veces esto significa que simplemente no se realiza en el contexto adecuado.


Dado que no todos somos iguales la normalidad total no existe, todos hacemos algo de forma peculiar, sin embargo compartimos patrones muy similares en muchas ocasiones. Por ejemplo, la gran mayoría de nosotros seríamos muy similares en una biblioteca.


Llamamos popularmente "rarito" a aquel que se comporta de forma un poco desajustada y "loco" a aquel que lo hace de forma muy distinta al resto de forma generalizada pero éstos no son términos técnicos ni tampoco describen formas irreversibles de ser o comportarnos. También es importante saber que el criterio suele ser un tanto arbitrario y que lo más importante normalmente es en qué medida cada uno vivimos nuestras peculiaridades como problemáticas.


Pero esa etiqueta, al igual que otras miles no explican sino que describen nuestro comportamiento ya que las asignamos tras observar el mismo. 

Imaginemos una persona que cuando le dices "¿Hola cómo te va?" te responde "Muy bien, me va muy bien, me va muy muy bien, me va bien, bien pero que muy muy bien, pues eso, muy bien", quizás diríamos que es un rarito.  Imaginemos esta vez que la otra persona responde echándose en el suelo y simulando hacer angelitos de nieve dentro del bar. Probablemente lo primero que pensaríamos es que está loco.

Pues bien, decir "es un loco", "es un raro" o "es normal" es una etiqueta que colocamos para referirnos al comportamiento de alguien y esa misma etiqueta no es explicativa. Este mismo razonamiento nos sirve para otro tipo de etiquetas más técnicas como las que utiliza el DSM-IV, el manual de diagnóstico de enfermedades mentales por excelencia.

Las personas no hacen lo que hacen porque sean raros, normales o locos, sino que decimos que son así para describir lo que hacen. Lo contrario sería cometer el error de decir  por ejemplo que una persona hace lo que hace porque está loca, y está loca porque hace lo hace o describir a una persona que no estudia como vaga pero también explicar que no estudia porque es vaga. Es decir, el depresivo no llora porque es depresivo, al contrario, es depresivo porque llora y llora porque ha aprendido a llorar.


Las causas de que se den ciertos comportamientos las debemos buscar en el entorno, el organismo y su interacción, nunca en una etiqueta diagnóstica o popular.



1 comentario:

  1. Toc- Toc, El Evaluador Feroz golpea vuestras puertas.

    Por Ana Lía Gana

    En respuesta a la célebre frase el hombre es la medida de todas las cosas, en nuestros días y en aras del control se mide al hombre. A partir de aquí, ¿qué concepción se tiene de lo humano?, ¿qué trato se le da?

    En primer lugar se fija un consenso sobre lo que devendrá una norma, luego la norma se aplica ciegamente y se ubica al sujeto como indice en la norma: está por debajo, está por arriba, pertenece al conjunto tal o cual, y he aquí el resultado, se lo nomina: Toc -trastorno obsesivo compulsivo-Tdah -trastorno por deficit de atención con hiperactividad- Las siglas pueblan a sus anchas en nuestra sociedad. Las siglas lo designan y a partir de aquí el sujeto está evaluado.

    ¿Y que trato se le da a este sujeto así evaluado? Se lo reduce a ser un objeto producto de la evaluación, se lo reeduca, se lo medica para acallar su manera de gozar a condición de desconocer su goce y de ser subsumido en la norma. El ser evaluado pasa así a ser devaluado y el evaluador en nuestros días cobra la forma de un experto en aplicar una técnica. Y si vosotros consentís en ser tratados de esta manera, vosotros servís al evaluador feroz.

    Ya Freud hablaba de las servidumbres del yo frente al superyo. Esa vocecita que pide y exige y que se torna en un imperativo de goce frente al cual el sujeto no puede cerra los oídos.
    Ya no existe Ulises que frente al llamado de las sirenas se hacia atar en el palo mayor, para no ceder a esta voluntad
    Al consentir al encanto de las sirenas, al llamado del evaluador sois gozados, sois devaluados. Os sometéis a la ferocidad de esta voz que os convoca y que os reduce a ser objeto de una nominación. Esta nominación, cual etiqueta, viene como en la mercancía a decir vuestro valor de uso, vuestro valor de cambio, obturando así lo mas particular, lo mas peculiar de cada uno.
    Cuando no hay una ética que oriente, se colocan etiquetas, como bien dice Jacques Alain Miller

    Convocar al sujeto del inconsciente, a un pensamiento que se articula en el decir, es orientarse por el discurso de lo particular en donde están inscriptos los nombres que el sujeto recibió, un deseo no anónimo que lo humanizó, y su peculiar gusto por aquello que lo excede, es decir su manera de gozar. Saber que es lo que hizo ley para ese sujeto es ir en contra de una norma “para todos” en la que el sujeto queda preso de una etiqueta que lo obtura y le da un falso ser, es el ejemplo del niño que dice: soy hiperactivo. Este falso ser va en connivencia con el yo del sujeto en la dirección del desconocimiento, alienándose en este falso ser y por tanto desconociendo lo que hizo ley para él.
    Preso de un movimiento que lo agita, y por el cual es nombrado hiperactivo, no es acaso, no reconocemos en ello, una forma de su angustia? La cual habrá que sintomatizar para darle un tratamiento especial.

    Frente a esta subjetividad moderna etiquetada por un supuesto otro que sabe, el evaluador y cuya ferocidad se traduce en esa voz que se presenta como un imperativo que viene del exterior pero que es lo mas intimo del sujeto, oponemos frente a esa tiranía, el sujeto del inconsciente cuya materialidad reposa en los tropos de la lengua, en un decir mas digno, es ahí en donde están los trazos que marcan su peculiaridad y su manera de gozar.
    En contra de la tiranía del amo moderno, en el reino de lo cuantificable en la que su súdbito es la subjetividad moderna y cuya política es la del control, en contra de la cifra, del hombre medible sometido a la norma del para todo apostamos por la peculiar del síntoma.

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