domingo, 1 de junio de 2014

Mejor prevenir que curar.

Como psicólogos sabemos que los problemas psicológicos son por definición problemas de conducta. Una persona puede hacer algo demasiado frecuentemente, puede hacerlo de una forma concreta que dificulta que se adapte a su entorno, puede no hacer determinadas cosas que le ayudarían. Y con "hacer" nos referimos a realizar cosas, decir cosas, pensar cosas y sentir cosas. Dicho esto podemos pensar que los psicólogos dedican su tiempo (dentro de la rama de la salud) precisamente a solucionar estos problemas. Para esto los psicólogos analizan cómo esa persona ha llegado a verse en esa situación (hipótesis de origen) y por qué en la actualidad esa problemática se mantiene (hipótesis de mantenimiento). Los psicólogos se centran principalmente en lo que lo mantiene en la actualidad, porque de ahí saldrá el tratamiento que el paciente debe poner en funcionamiento para salir de su problemática.

Acabo de describir muy resumidamente lo que los psicólogos hacemos para intervenir sobre un problema. Es importante enfatizar que se centran sobretodo en lo que mantiene el problema en la actualidad. Algunos creen que hasta ahí llega la labor del psicólogo en el ámbito de la salud, al contrario, hay otra parte muy importante en este ámbito que a menudo pasa desapercibida en la sociedad actual e incluso entre los psicólogos de hoy en día. 

Aparte de intervenir, podemos prevenir. Solo que para ello los psicólogos no deben fijarse en lo que mantiene un problema en la actualidad -la hipótesis de mantenimiento-, sino el proceso por el que la persona ha acabado inmersa en esa problemática -la hipótesis de origen-.

Por otra parte en la sociedad actual -dominada por un dualismo cartesiano bastante patente- tendemos a diferenciar entre salud física y salud psicológica. Esta distinción es errónea ya que a menudo lo que hacemos, decimos o sentimos (lo "psicológico")  tiene mucha relación con enfermedades que podríamos pensar que son puramente orgánicas (lo "físico"). Por ejemplo, hacer deporte regularmente o no hacerlo, comer muchos dulces o no comer demasiados dulces, fumar o no fumar; son conductas que influyen directamente en nuestra salud (no voy a ponerle adjetivo, la salud es una). 

Por tanto podríamos decir que hay conductas saludables y conductas insalubres. Es aquí donde los psicólogos pueden prevenir -en colaboración con otros profesionales de la salud como médicos, nutricionistas etc.- que aparezcan problemas, evitando sufrimiento a las personas, aumentando su bienestar y ahorrando recursos que de otra manera deberían ser destinados a intervenciones tremendamente costosas y que -por desgracia- no siempre aseguran el restablecimiento de la salud de una persona.

Existen estudios epidemiológicos que nos informan de los posibles riesgos para la salud a los que la población se puede enfrentar. Estos informes son la primera barrera, informar a las personas de la existencia de estos riesgos sería lo que se denomina "prevención primaria". Una vez que la población conoce estos riesgos, podemos establecer cuáles son las conductas que facilitan un problema u otro (como psicólogos), estas conductas de riesgo son las que debemos reducir y sustituir por prácticas más saludables, cuando ponemos en marcha planes de prevención encarados a esto lo que estamos haciendo sería "prevención secundaria". 

La reflexión que nos planteamos es que si ahorramos costes (que es algo obvio simplemente teniendo en cuenta los beneficios de las compañías farmacéuticas, los costes de la ley de dependencia, los costes del tratamiento en problemas cardiovasculares...), evitamos sufrimiento a personas y fomentamos su bienestar y su felicidad, ¿por qué no se plantea un sistema de sanidad que prime la prevención sobre la intervención? Desde luego habrá causas que expliquen este hecho, la duda que nos queda es si esas causas tienen que ver con intereses de ciertos colectivos o con hechos que como psicólogos no hemos sabido ver.

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