miércoles, 19 de marzo de 2014

La personalidad en perspectiva.

En esta entrada trataremos el tema de la personalidad. La personalidad es un término que -como muchos otros en psicología- proviene del lenguaje natural, no del lenguaje técnico. En un momento dado cosificamos dicho término asumiendo que había procesos, conductas u otras cosas tras él. Una vez ocurre esto la psicología comienza a hacer aproximaciones hacia la personalidad desde diferentes posturas teóricas, el problema es que tras la etiqueta "personalidad" hay demasiadas cosas, por lo que el estudio de la personalidad no ha encontrado un dominio de estudio claro.

Tradicionalmente la personalidad se ha estudiado tomando como objeto de estudio una muestra y situando a los individuos en una posición de la distribución en relación a su muestra. Para ello se han utilizado sobre todo tests de autoinforme que medían la conducta verbal, con varias respuestas cerradas que se caracterizaban por tomar datos -siguiendo las teorías de Cattell- tipo Q, es decir, datos que no enmascaran lo que pretenden medir (las pruebas objetivas toma datos tipo T). Esta forma de enfocar el estudio del concepto de personalidad es difícil de integrar con el modelo conductual y deja fuera a la persona -no tiene en cuenta su comportamiento en la vida real, no se entiende al organismo como un todo que interactúa con su entorno-. La personalidad -sea lo que sea- es algo que te distingue del resto, pero estas diferencias individuales se deben a invarianzas en el comportamiento de las personas. En este punto me parece interesante resaltar que los rasgos son meras etiquetas que describen y cuyo destilado estadístico solamente sirve para predecir la conducta -y esto ha sido muy útil en el ámbito de los recursos humanos, vamos a decirlo todo-. 

Ante este planteamiento viene surgiendo desde hace años otro enfoque ligado al modelo conductual. Ribes acuñó el concepto de "estilo interactivo". El "estilo interactivo" es la forma personal, idiosincrásica, consistente y estable que un individuo tiene de interaccionar con las situaciones. Y diréis "pero esa definición no es demasiado operativa", lo sé, pero cuando explique cómo las pruebas objetivas miden los "estilos interactivos" tendréis una idea muy operativa de qué es exactamente un "estilo interactivo". Además, la biología lleva siglos de avances sin tener una definición de vida, ¿acaso nosotros no vamos a poder avanzar tan bien como ellos? 

Para medir mediante una prueba objetiva la forma personal de cada uno a la hora de interaccionar con una situación, debemos plantear una situación de "contingencias abiertas", es decir, en la que no haya una respuesta más reforzante que las demás. Hay un viejo ejemplo que dice "si un burro tiene dos montones de comida a la misma distancia, ¿qué hará?". El burro irá hacia uno u otro montón en función de su historial de aprendizaje, de variables disposicionales etc., el caso es que el costo de respuesta es el mismo, pero hay variables que influyen, este ejemplo es una situación de "contingencias abiertas". En clase todos nos comportamos igual porque las contingencias son muy "cerradas", está muy claro qué respuestas son reforzadas y cuáles son castigadas o extinguidas. Necesitamos definir situaciones funcionalmente, de contingencias abiertas, sin contenidos que puedan sesgar -contenidos que hagan referencias a temas como religiones, ideologías... cosas así-. Si tomamos el supuesto de equivalencia funcional, encontramos que aunque variemos la morfología de una situación, si sus contingencias y los criterios a la hora de medir sus parámetros permanecen estables la interacción del organismo será similar.

¿Y cómo cuadra esto con un análisis funcional? Bien, si medimos en diferentes ensayos cómo el sujeto interactúa con una situación experimental variando su morfología pero manteniendo sus contingencias, podremos obtener un "perfil" de cuál es la conducta que el sujeto desplegará en el futuro ante situaciones funcionalmente similares. La conducta pasada es el mejor predictor de la conducta futura. Este "perfil" no sería ni más ni menos que una variable disposicional fruto del historial de aprendizaje de cada persona.

Ribes propuso una taxonomía de "estilos interactivos", desde mi punto de vista se equivocó. Mis argumentos son que los "estilos interactivos" no pueden pecar de lo mismo que los rasgos, si establecemos una taxonomía con el tiempo y el vicio la gente acabará atribuyendo causalidad a dichos estilos, además, puesto que el historial de aprendizaje de cada persona es único, cada persona tendrá un estilo único por lo que las taxonomías no sirven. Lo interesante de este planteamiento -a mi juicio- es que con una batería de pruebas objetivas informatizadas fiable y un manual de competencias que especifique qué tipo de situaciones tendrá que afrontar una persona en cada puesto, podríamos seleccionar personas con las habilidades adecuadas para cada puesto midiendo su conducta -y no solo su conducta verbal-. He dicho una batería de pruebas fiable, pero no he dicho "válida". ¿Por qué? La validez es un constructo necesario para los tests tradicionales porque predicen la conducta "y" en función de la conducta "x", sin embargo al predecir la conducta "y" en función de una respuesta que se da en una situación cuyas contingencias son similares, la validez no es necesaria ya que la conducta que medimos es una muestra de la que debemos predecir, y no una respuesta completamente diferente.

Como veis es un mundillo complicado este de las pruebas objetivas de personalidad, si necesitáis papers con pruebas concretas para haceros a una idea más clara mediante ejemplos podéis pedirlos comentando o en el mail jalarcon.guerrero@gmail.com , un saludo y espero no haberme puesto especialmente denso. 

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Referencias:

Hernández, J.M., Santacreu, J., Rubio, V., (1999). Evaluación de la personalidad: Una alternativa teórico-metodológica. Escritos de Psicología 3 20-28.

Ribes-Iñesta, E., (2009). La personalidad como organización de los estilos interactivos. Revista Mexicana de Psicología vol.26, 2, 145-161.




3 comentarios:

  1. Muy interesante Juanjo, muchas gracias por tu escrito!
    Solo una pequeña puntualización, si me lo permites. El concepto de validez desde 1999, y más ahora con los nuevos Standars for Educational and Psychological Testing (AERA, 2014), se encuentra desligado del test, bien sea tradicional o interactivo. Lo mismo ocurre con el concepto de fiabilidad. En la actualidad, y desde mi punto de vista muy acertadamente, se vincula al uso que se haga del instrumento de medida y a las evidencias que avalen precisamente ese uso. Creo que inevitablemente el estilo interactivo requiere de igual número de fuentes de validez, en cuanto que habrá que aportar evidencias sobre la igualdad de las contingencias a las que aludes, cuanto menos, así como al grado en el que las "respuestas" son buenos indicadores de las competencias (en tu ejemplo)... David

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  2. Bien visto, es bueno actualizarse, echaré un vistazo a los nuevos criterios que mencionas y lo repienso. Gracias :)

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  3. Hola, estoy en desacuerdo con tu afirmación sobre la taxonomía de Ribes. La lógica que plantean los autores (Ribes y Sánchez, 1992) es precisamente una alternativa a las teorías tradicionales como las del rasgo, en las cuales si se clasifican a los individuos con base a morfologías poblacionales. Ribes, básicamente propone dar un giro “teórico” y clasificar las situaciones (más no al individuo) en las cuales cada individuo podrá mostrar su forma única de interactuar, es decir su idiosincrasia. La clasificación de las situaciones se justifica en la medida que como individuos sociales compartimos ciertas reglas y costumbres que nos identifican como humanos, por ello las situaciones están planteadas en términos que aluden a situaciones socialmente valoradas. Saludos.

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