martes, 31 de julio de 2012

Leyendo "El gen egoísta" parte 1.

Como estudiante de psicología considero imprescindible para un psicólogo leer ciertos libros que le den una visión global de lo que es una persona más allá de la cháchara profana que desde pequeños hemos adquirido. Uno de estos libros es "El gen egoísta" de R. Dawkins. A lo largo de una serie de entradas pretendo resumir de forma clara las ideas básicas que Dawkins expresa a lo largo de este libro para que los que no tienen el tiempo suficiente para leerlo puedan hacerse una idea sobre este libro. No obstante, recomiendo encarecidamente leerlo.



I. ¿Por qué existe la gente?

Si sabemos en qué condiciones se ha desarrollado y prosperado un organismo vivo, podemos hacer inferencias (aunque no sean infalibles) sobre las características que dicho organismo poseerá (en términos objetivos, conductuales). Es decir, si sabemos que un organismo ha sobrevivido en el desierto y que prácticamente todos los organismos del planeta necesitan agua para sobrevivir, podemos suponer que ese organismo a) Sobrevive con una cantidad ínfima de agua, b) es capaz de aprovechar al máximo este recurso, c) es capaz de encontrar fuentes de agua subterránea en el desierto... etc etc.

Una conducta es altruista cuando aumenta el bienestar de un organismo en detrimento del bienestar del organismo que emite la conducta. Una conducta es egoísta en caso de producir un efecto contrario a una conducta altruista. 

El bienestar son las «oportunidades de supervivencia», aunque sean infinitesimales.

Lo importante para calificar una conducta como egoísta o altruista es el efecto que causa, jamás los motivos que nosotros pensemos que empujan al organismo a emitirla, eso nunca.

Los organismos efectúan conductas para perpetuar su propia dotación genética, no para perpetuar la especie. 

Existen dos teorías enfrentadas en cuanto a cuál es la unidad de selección de la evolución, una teoría afirma que es el grupo, otra que es el individuo (aunque Dawkins hablaría de genes más que de individuo). La teoría de selección de grupos no se sostiene porque basta con un mutante egoísta para que en poco tiempo el grupo pase a ser egoísta. Además, ¿hasta dónde llega el altruismo? ¿Hasta los parientes de sangre, hasta el grupo, hasta la especie, hasta el género, hasta el orden, hasta la clase? ¿Deben los leones abstenerse de matar antílopes por el bien de los mamíferos? Esto es un problema que provoca la teoría de selección de grupos, sin embargo es una teoría que resulta intuitiva y acorde a la moral occidental actual lo cual explica la aceptación que encuentra entre amplios sectores de la sociedad occidental.


II. Los replicadores.

Los átomos tienden a adoptar configuraciones o patrones estables en función de parámetros del entorno en el que se encuentran. Estos átomos forman moléculas estables.

Antes de que hubiera vida en la tierra los átomos debieron tender a adoptar configuraciones estables, no había un propósito ni una intención, tan solo era la consecuencia de la interacción entre los átomos y el medio físico en el que se encontraban.

En la etapa histórica previa a la existencia de la vida en la tierra predominaban probablemente el agua, el dióxido de carbono, el metano y el amoniaco entre otros. Existen evidencias empíricas de que cuando estos compuestos se someten a las condiciones de la tierra en aquel momento en pocas semanas acaban conformando aminoácidos más complejos e incluso sustancias orgánicas como la purina y la pirimidina que forman parte de la molécula genética denominada «ácido desoxirribonucleico» (ADN).

En el caldo primario se empezaron a formar moléculas cada vez mayores y en un punto concreto debió formarse una molécula que Dawkins denomina como «replicador». El replicador no sería más que una molécula que  se replica a sí misma utilizando otras moléculas afines químicamente que se encuentran en el mar.  El replicador se extendió por el mar y las moléculas afines a él se hicieron escasas ya que todas habían pasado a una configuración más estable que la anterior, la configuración del replicador. Pero las copias de copias de copias tenían anomalías, las copias pueden tener errores. Por tanto había diversas variedades de replicadores en el mar. Habría variedades más longevas y resistentes a separar sus moléculas, por tanto serían más numerosas en el mar.

Otro factor a tener en cuenta aparte de los errores al replicarse de los replicadores es la velocidad de copia o fecundidad. Cuanto mayor fuera la fecundidad mayor sería el número de moléculas de una variedad concreta, por tanto la fecundidad alta era un rasgo estable en las moléculas del mar.

A su vez un tercer factor tendría importancia para las moléculas y será la fidelidad en las copias. A mayor fidelidad en las copias mayor estabilidad de la variedad de las variedades de moléculas.

El siguiente paso fue que, ante la escasez de moléculas con las que replicarse, los replicadores con errores que permitían aumentar su número se extendían, el proceso se fue perfeccionando y en algún punto comenzaron a formarse moléculas capaces de separar los átomos de otras moléculas para replicarse e incluso moléculas capaces de crear barreras defensivas ante este tipo de «agresiones». Es decir, los replicadores que sobrevivieron fueron los que tenían buenas máquinas de supervivencia. Estas máquinas se fueron complicando cada vez más y durante 4000 millones de años hubo tiempo para que los replicadores se volvieran unos maestros en la supervivencia. Hoy en día existen grandes colonias de replicadores encerradas dentro de complejísimas máquinas de supervivencia, una especie de robots. Estos replicadores son conocidos hoy en día como genes.



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